Tellegen, Toon (2014). ¿No hay nadie enfadado?, ilust. Marc
Boutavant, trad. Montserrat Muñoz Cenjor.
Zaragoza: Edelvives, 88 pp. (ISBN:
978-84-2639-464-4).
Descripción del formato y contenido: Este
libro, de tapa dura, tiene unas dimensiones de 190mm x 270mm y está compuesto por 88 páginas. La edad recomendada de
lectura por la editorial es de 6 a 8 años.
En la cubierta
nos encontramos una ilustración de una de las escenas
del interior del libro. En
esta escena aparece un elefante, que será el protagonista de uno de los
relatos, apoyado en un álamo mirando hacia arriba con aire pensativo. Aparece
también en esta capa el título del libro con
letras mayúsculas de color blanco, y, más abajo, el nombre del autor y del
ilustrador con el mismo tipo de letra. Estos dos elementos los podemos
encontrar también en el lomo. En la contracubierta podemos ver otra vistosa escena del interior del
libro, pero, en este caso, aparecen una ardilla y una hormiga en un pequeño
bosque. También nos encontramos aquí una pequeña síntesis del libro. En el
interior de este libro ilustrado se desarrolla una sintaxis narrativa acompañada de ilustraciones a color, que exigen contar con una
experiencia lectora previa y una implicación del lector para la producción de sentido. Por ello, para trabajar con los más pequeños, seríamos nosotros quienes se
lo leyésemos y a través de las ilustraciones irían comprendiendo las historias.
El
título de ¿No hay nadie enfadado? adelanta la temática del libro,
permitiéndonos intuir que se trabajarán las emociones y los sentimientos, más
concretamente, el enfado. También se puede deducir
que se trabajará esta emoción
a través de un personaje que
la sienta. Este libro ofrece la
posibilidad de una lectura narrativa acompañada de ciertas ilustraciones que
van plasmando otros aspectos aparte de lo contado, logrando que los niños y
niñas desarrollen su propia imaginación.
El
argumento gira en torno a doce
relatos cortos (fábulas) protagonizados por diversos animales. En cada uno de
estos relatos hay un protagonista que siente un estado del enfado diferente. A
veces, además del protagonista, también aparecen otros personajes que ayudarán
a este a gestionar su emoción. En el libro también se trabajan otras emociones,
como la alegría, el miedo o la melancolía, y ciertos valores, como la
convivencia, la resolución de conflictos, el diálogo o la tolerancia.
Cuentan
con un narrador en tercera persona que cuenta el relato y lo que le va
ocurriendo a los personajes, que se
complementa con las propias voces de los protagonistas.
En cada relato aparece la misma estructura, que se basa en una presentación del
personaje, la introducción del problema, la resolución y el final de la
historia. Existen repeticiones y recursos propios
de la transmisión oral que favorecen el ritmo. Se recurre a figuras como la personificación,
hipérbaton, símil o comparación, metáfora
y a nivel estilístico se utilizan múltiples campos semánticos, como la
naturaleza (sol, luna, álamo, bosque, río, colina, estepa…); los animales (elefante, hormiga, ratón, erizo,
ardilla, sapo…); el cuerpo humano (cabeza,
hombros, espalda, nariz, cintura…); los
colores (negro, azul, rojo…); las emociones
(felicidad, alegría, timidez, melancolía, rabia…);
las estaciones, las partes del día y también se emplean campos semánticos
opuestos como día/noche, sol/luna, alegría/tristeza…
Desde
el punto de vista de la lectura visual, las ilustraciones permiten realizar
una lectura visual paralela
y complementaria, pues en
ellas se pueden observar pequeños fragmentos de la narración, aunque contando
solo con ellas no seríamos capaces de averiguar la historia completa que nos
relata el texto. No obstante, en muchos casos podemos observar otros aspectos
que no se incluyen dentro de la narración. El estilo de estas ilustraciones es
variado, va desde ciertas ilustraciones realistas a otras un poco más
abstractas e irreales.
Las
ilustraciones están dibujadas con lápices de colores. Algunas de ellas no
disponen de fondo, simplemente se dibuja sobre la página en blanco. En aquellas
que disponen de él, se realizó un ahumado con algún color oscuro o simplemente
se cubrió todo el fondo con un color claro (como podemos observar
por ejemplo en la cubierta
del libro). Algunos personajes aparecen contorneados con una fina línea
negra, mientras que otros no lo están. También se consigue cierto volumen,
distanciamiento y perspectiva mediante el claroscuro
y colores más suaves.
En
las ilustraciones existen siempre diferentes planos para poder observar como
son los personajes, en que posiciones se encuentran, sus expresiones corporales
y faciales, sus acciones, sus conductas… Estas ilustraciones están dispuestas
de diferentes formas. Unas veces ocupan toda la página, pudiendo así observar y
entender con claridad lo que está sucediendo y centrar nuestra atención. Otras
veces están colocadas en diferentes zonas de la página (encima, debajo o en
medio del texto) para mostrarnos de forma visual que está sucediendo en ese
momento. Todas ellas nos exponen las acciones de la historia, pero de forma
ilustrada.
Los
personajes son animales. Estos
aparecen ilustrados y dibujados de forma realista. Por el contrario, su “personalidad” y sus
conductas se encuentran humanizadas durante toda la narración. El recurso que utiliza el autor es el antropomorfismo para la atribución
de rasgos, emociones o intenciones humanas a entidades no humanas, en este
caso, animales, que pueden hablar, experimentar emociones y sentimientos. Entre
los animales que aparecen en los cuentos cabe señalar un damán, un elefante,
una lombriz, un escarabajo, un cerdo hormiguero, un ratón, un bogavante,
un erizo, una musaraña, un hipopótamo, un rinoceronte, una ardilla, una
hormiga, un sapo y un grillo. Por otro lado, en algunas ilustraciones aparecen
otros animales como un conejo, un pájaro, un cuervo, un oso, una tortuga… Algunos de ellos interactúan
como mediadores del enfado entre los protagonistas de la historia. Otros
representan el valor y el cariño de la amistad y también la pertenencia a un
grupo. Todos juntos se apoyan y se comprenden, buscando identificar
correctamente cada una de las emociones.
Potencialidades: Con
este libro ilustrado se puede trabajar la educación emocional, la socialización
y distintos valores. Además, potenciará la imaginación. Los animales, al estar
humanizados, nos transmitirán distintas emociones, bien sea a través de sus
palabras o acciones, o bien a través de sus expresiones faciales y corporales. Los
animales experimentarán esas emociones y los niños y niñas se podrán sentir
identificados. Al disponer de doce relatos breves podremos abordar cada uno de
ellos en diferentes días, centrándonos así en las distintas emociones y valores
que se exponen en cada uno. De esta forma, podremos trabajar la educación
emocional. Los protagonistas se encuentran en continua interacción con sus
iguales, así que podremos trabajar ciertos aspectos para una correcta
socialización y relación con los demás, tomaremos a los personajes como
referencia para aprender que debemos hacer y que no. Mediante las ilustraciones
también podremos trabajar el conocimiento del entorno, centrándonos, sobre
todo, en la naturaleza.